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2 de mayo de 2010

Haciendo amigos. Un encuentro divino.

- ¡Hey, señor, no se marche. Aún no nos ha dado tiempo a presentarnos!

No lo entiendo, ¿cómo podía correr tanto? Eran unos seres muy extraños, misteriosos, siseantes, ocultos tras capuchas...peligrosos. Uno se había convertido en piedra al ser atravesado por la espada de uno de los gerreros que había allí. Muy misterioso...y peligroso. Pero...misterioso, ¿eh?



¡Seguro que no eran humanos!



-¡Señor!- le llamé la atención a la figura maleducada que se marchaba por el bosque mientras le daba tironcitos en algunas tiras de ropa.



El señor se dió la vuelta y siseó algo. Miró de un lado a otro hasta mirar al suelo, donde unos ojillos extraños parpadearon expectantes.

-¡Hola, señor! ¡Quería preguntarle sobre su persona! ¿Es usted humano? ¡Oh, perdón! ¿Dónde están mis modales?- le lancé una mano para estrechar la suya- Mi nombre es Arlie y soy un...¡Hey, cuidado con ese saludo, casi me hace daño! ¡Por el amor de los Dioses Verdaderos, menuda uñas, córteselas antes de que alguien le vea!

Después de unos breves minutos comencé a sospechar de que ese hombre extraño quizás no quería saludarme. ¿Acaso intentaba matarme? Bueno, eso explicaría el combate de antes. Decidí subirme a un árbol y charlar con él hasta que se le bajaran los humos. El hombre extraño comenzó a arañar frustrado las corteza del árbol. Creo que quería cazarme desde hace unos minutos y resoplaba cansado.

- Bueno, señor, ¿me va a decir como se llama? ¿Y si tiro de esa venda que tiene en la cara? ¡Uy, se enfadó! ¡Lo siento señor!



Volvió a sisear enfadado quitándose mis manos de encima de las vendas de su rostro oculto. No entendía ni jota, pero esas vendas ocultaban un rostro muy peculiar. ¡Y yo iba a averiguarlo! Bueno, no. Advierto a mi queridísimo lector anónimo que no lo consigo, pero no se frustre, la historia sigue. Ante todo hay que mantener la verdad al lector.

El hombre de la capucha se fue, bajé del árbol y le seguí. Intenté mantener conversación, esta vez se dió la vuelta y me arañó mi cuerpecillo de kender.



- ¡Hey! ¡Casi me da! ¡Cáspita, estoy sangrando!- el hombre se quedó mirándome, atónito, aunque no sé por qué - Vale, veo que se quiere despedir, pero no lo haga con esas prisas.

El encapuchado empezó a mover sus brazos de arriba a abajo con sus garras en el aire, me aparté para no entorpecer su despedida, pasó rozándome. Moví frenéticamente mis brazos de arriba a abajo, supongo que sería un saludo de su cultura, y yo, ante todo, soy educado.

-¡Hasta luego señor!


El encapuchado se puso cabizbajo, abatido, se dió la vuelta y comenzó a andar por el camino hasta perderse en el bosque. Creo que estaba frustrado con algo...¿Pero con qué? Quizás sería que no conocía mi idioma y no sabía comunicarse conmigo. Aunque en su cultura debían quedar pocos, el arañazo que me hizo seguía sangrando. Me quedé mirando por qué parte de la herida la sangre era más rojiza y dónde era más oscura. Decidí que debía volver, el caballero Alian necesitaba mi ayuda, seguro. Heché a andar viéndome la herida.

Mientras volvía vislumbré al caballero al final del sendero.

- ¿Arlie? ¿Qué te han hecho? ¡Estás herido!

- ¡El señor caballero Alian! ¡Ah! ¿esto? ¡Tranquilo, solo fue un saludo mal practicado!

- Fueron los encapuchados, extrañas...criaturas.- dijo mientras arrancaba un buen trozo de la tela de su ropa. Se quedó hecha jirones y me vendó la herida como pudo.

- ¡Vaya, gracias!

Nos quedamos un rato mirando curiosamente (al menos yo) como las vendas se soltaban solas y amenazaban con caerse. La herida seguía sangrando. De repente nos percatamos de una ancianita que andaba lentamente por el camino del bosque. Nos miramos, la miramos, nos miramos, la miramos y nos volvimos a mirar. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? Alian se acercó a la anciana (al fin y al cabo era un caballero) e intentó ayudarla.

-¿Necesita ayuda?

La anciana miró ausente al suelo, sonriente.

-No, gracias, mis están esperando. Mis hijos ¿sabe? ¿Serían tan amables de decirme donde está Solace?
-Claro, está por allí.- dijo el caballero señalando el sendero por el que iba.

-Gracias.- dijo sonriente la abuelita.
De repente, mis heridas mejoraron, me sentía curado. Un aura de pureza y curación emanaba de la ancianita y no nos pasó desapercibido a ninguno de los dos. Le pegué un codazo a Alian.
-¡Alian, mis heridas han mejorado! ¡Y mucho!- comencé a hablarle como si ella no escuchara nada, pero la verdad es que ella seguía nuestro coloquio con interés y amabilidad ante tal extraña pareja. Pero seguía andando lentamente cerca nuestra.
- ¿Crees que es una curandera? Esas heridas han sanado mucho- observó el caballero- Es imposible que sea un clérigo...ya no quedan, creo.
-Y si fuera, ¡Mishakal! ¿Te imaginas?
-¿Un dios? ¿Aquí?
Descubrimos que la anciana seguía mirándonos. Su sonrisa se ensanchó enormemente haciéndose tierna al escuchar el nombre de la diosa de la curación. Nos miraba como si la hubieramos llamado. Nos quedamos pasmados ante la idea de estar ante un dios.
- Muchas gracias. Nos vemos. - la ancianita se fué, y el aura de curación y pureza con ella. Pero mis heridas quedaron sanadas.
-¡Alian!, ¿has notado eso? Era Mishakal, ¡¿verdad que sí?! ¡¿Verdad que sí?!
Él había notado esa presencia, esa mirada de sabiduría. Mis heridas habían sanado en su presencia. Se limitó a sonreír. Había algo dentro de nosotros que nos decía a gritos que habíamos estado ante uno de los Dioses Verdaderos.

2 de abril de 2010

La justa del caballero Sin Nombre.

¡Vaya, al final me aceptaron para la misión, aunque no se por qué les cuesta tanto aceptar a un kender! Lo mejor que les pueden pasar a unos viajeros es encontrarse con un kender en sus caminos, se molestan por nada en fin...

¡Una misión! ¡Una misión! Debíamos escoltar algo, ¿pero qué? ¡Un arca de oro! ¡No, mejor! ¡A una princesa que se dirige presta a su reino lejano!
-Dime una cosa...kender- ¿kender? ¿acaso debería llamar a la gente por el nombre de su raza? ¿Y si fuera la manera más educada? - Si te salvo la vida, ¿qué me darías?

¿Qué? Uno de los guerreros que iban a participar en la misión me preguntó sin previo aviso esto. La verdad es que no entendí la pregunta, pero tenía pinta de ser alguien extraño...¡y eso me intriga!
-¡Pues te daría las gracias! O como mucho tendrías mi lealtad de kender.
No pareció muy contento, volvió a sus pensamientos y me dejaron entrar en el grupo.
¡Bah! Lo mejor que puedes tener en tu vida es la lealtad de un kender. Él se lo pierde. Mi anterior emisor se retiró y pidió ron. Ron... ¿que era eso? Debía probarlo. Todos me miraron boquiabiertos cuando lo pedí y se echaban las manos a la cabeza en cuanto me lo bebí de un trago. Quemaba, y mucho.



¡Por todos lo Dioses! De repente, ¡un gigante había cogido la posada y le estaba dando vueltas estando llena de gente!


Aunque, por mucho que me esforcé, no veía la mano del gigante por la ventana, solo veía el suelo. Lástima...


¡Ya sé! ¡Tuvo que ser aquella cosa que bebí! ¡Aquello que llaman...ron! ¡Debe ser un alucinógeno extraño! ¡Incluso una poción mágica! Es posible, de repente me sentía realmente activo. Pero la posada seguía dando vueltas y nadie parecía darse cuenta.
-¡No se está quieto!
-¡Que alguien lo ate de pies y manos!
-¡Hey, esa cosa es mía, maldito kender!
-¡Atadlo, atadlo!


¡De repente me sentí atrapado! ¡Pero la posada seguía dando vueltas y vueltas! ¡Magia! Los rostros pasaban una y otra vez y solo reconocía al caballero sin nombre, con el que sabía que acababa de hablar, pero no recordaba el qué. Bah, seguro que estaba ansioso por escuchar mis historias. Intenté levantarme, pero no se como, una cuerda me atrapaba a una silla. ¿Sería prisionero del gigante? La verdad es que se estaba haciendo pesado con las vueltas, y ya no solo eso, ya me hacía ver doble. ¡Cáspita! Parecia que hubiera un ejército en el interior de la posada. De repente me encontré increíblemente mal.
-¡Será asqueroso!
-¡Esa cosa ha vomitado!
-¡Que alguien eche a ese monstruo de aquí!

A pesar de que escuchaba eso, no me encontré con ningún monstruo asqueroso, y no creo que se refiriesen a mí, ¡con lo educado que soy, por todas mis barbas! Diría un enano. Uff, de repente me encontraba vació, sin náuseas...¡me encontraba increíblemente bien! El caballero me desató, ya que la casa había dejado de dar vueltas. El gigante se habría marchado.



¿Y ahora qué?

¡Ah, por fin una cara conocida! Ahí seguía la del caballero sin nombre, ofreciendome una jarra con algo que no identificaba que era...¡Quizás la poción que hizo huir al gigante! Miré el interior de la taza...¿qué era eso? Olía de forma peculiar, quizás no era un brebaje mágico:

- ¿Qué diantres es esto, agua sucia? - le dije todavía mareado por culpa del gigante que le daba vueltas a todo.
- Si, es agua sucia - respondió el caballero con un poco de impaciencia - ¡Bébetelo!
- ¡Fantástico! ¡Nunca había probado el agua sucia de esta región! Aunque realmente no sé en que puede diferenciarse del resto...

Intenté concentrarme y ponerme serio. Pero nada, ¡que no había manera! Aquella agua sucia (con perdón del posadero, si está leyendo las líneas de un servidor) me sentó más o menos bien, pero sabía a rayos. Aunque... ¿cómo deberían saber los rayos...?

El caballero habló con su amada, la camarera (la ligera de cascos), los otros dos guerreros que iban a acompañarnos en la misión de escolta (de la cual no me enteré de mucho) y charlaban muy poco animados...lo cual no me llamó mucho la atención, la verdad; la otra chica tampoco parecía querer hablar. De repente me encontré al caballero hablando con un tipo que no presentaba demasiado buen aspecto. No parecía que acabaran de hacer migas. El ruido de la taberna me impidía seguir la historia del caballero. ¡No debía perder el hilo argumental! ¡Sería catastrófico para seguir tejiendo la historia del futuro caballero! Quise acercarme, pero el taburete se volvió contra mí, ¡había crecido y me retenía preso en las alturas! Sería dificil bajar sin tirar la silla, al menos, ya no estaba atado. Miré a mi alrededor la anterior amada del caballero miraba angustiada. ¡Quizás se pelean por su amor! Seguro que ella espera que el caballero salga victorioso de la justa porque si no...debía irse con el otro, que tenía un aspecto lamentable. Salieron por la puerta...unos matones escoltaron al desalmado que pretendía quitarle la dama al caballero. Fuera iban a librar una justa...¡y yo no me la iba a perder por nada del mundo!

16 de febrero de 2010

Encantado, euh...¡Hey, no me habéis dicho vuestro nombre!

¡Jus! Desde tan cerca cada vez se hacía más probable que aquel mostacho estuviera pegado a un caballero de solamnia. ¿Pero que haría tan lejos de su hogar? ¿Estaría en alguna cruzada? ¿de misión? ¿buscando algo? ¡Ya sé! ¡Buscaba la lanza de Huma para acabar con un poderoso enemigo que mantenía a una bella damisela encerrada en lo alto de la más alta torre de un oscuro castillo custiodado por un poderose y maléfico dragón. ¡Como las historias de la abuelita! Solo hay una pega, que los dragones no existen. Ojalá no fueran cuentos para asustar a los niños ¡Como me gustaría ver todo un ejército de dragones surcar el cielo sobre mi copete! Ains...como hecho de menos a la abuelita, sé perfectamente lo que me hubiera contestado.
"Arlie, ten cuidado con lo que deseas, podría hacerse realidad" me diría pegándome una palmada en la nuca y luego añadiría por lo bajo para que no la escuchara: "Aunque tiene que ser algo realmente excitante", después agitaría la cabeza negativamente al notar que la seguía escuchando. Desde luego, ese no es un comentario que me echara para atrás, sino que me llevó a desearlo con más fuerza si cabe.


En fin, a lo que iba, el caballero: bueno, no lo descarto, pero también es posible que le hubieran echado de casa sus papás. Muy glorioso no era su aspecto, la verdad. O también pudiera ser que le invitaran a marcharse siempre a la ciudad más próxima, como a un servidor. El caso era, que esa capa raída no podía ocultar esa armadura. El señor caballero me miraba con los ojos totalmente abiertos, esperando una reacción por mi parte con un guantelete llevado a la barbilla. ¡Cáspita! Casi se me olvidaba hablar.
-Mi nombre es Arlie-expliqué tendiendo mi poderosa mano de kender y mostrando la mejor de mis sonrisas-.Eso que llevas puesto es una armadura, ¿me equivoco?
¡Claro que no me equivocaba! He visto demasiadas armaduras, ya sean de guardias, soldados, alguaciles, sargentos, centinelas y de algún que otro alferez. Solo era una pregunta de cortesía.
- ¿Una armadura de caballero? - volví a inquirir - Porque eres un caballero, ¿me equivoco?
¡No pude esperar la respuesta!¡Tenía que salir de dudas ya!
-¡Sois un caballero!
Las jarras dejaron de chocar, los pulsos se dejaron a media fuerza, y las risas, los voceríos y la música cesaron a la par. La tensión inundaba la atmósfera. Supongo que era cuestión de tiempo que la gente se levantara a trompicones y se pelearan por conocer a un mismísmo caballero de Solamnia. Pero nadie dijo, ni hizo nada. Las miradas volvieron a las jarras y la música volvió a sonar, pero había un poco de fastidio en el aire.
¿Acaso había dicho algo malo? Imposible.
Me fijé en el caballero, estaba tan blanco como Solinari en creciente. Desviaba la mirada y murmuró:
-Aún no.



...




¡INTERESANTÍSIMO!

Podía estar ante un posible nuevo Huma. Un guerrero sin título, pero todo un caballero de corazón. Defensor de los débiles, victorioso campeón de gestas, firme contra las injusticias, siempre orando a la amada y a su dios Paladine: ¡todo un caballero andante!
¡Necesitaría mi ayuda! Necesita que alguien le busque su linaje noble en el árbol genealógico, necesitaría saber dónde pone los pies, necesitaría que alguien contase pareados de sus gestas... ¡conocería a Paladine!
Por último y más importante: necesitaría una brillante inteligencia como la mía, siendo modestos, claro.
¡Que orgullosa estará la abuelita Storyteller cuando vuelva todo hecho un hombrecito y mis historias dupliquen las suyas! Y eso sin mencionar el hecho de que encontraría a Paladine, dios de la Luz. Podría convencerle de que me presente a sus colegas dioses, a Thakisis, por ejemplo.

Una muchacha que pasaba con una bandeja clavada en su cadera no paraba de mirar al caballero. No paraba de morderse el labio, pero al final se decidió a acercarse, yo miraba al caballero de arriba abajo. Le examinaba, no parecía tener una gran historia, pero, aparte de que no hay que fiarse de las apariencias, su historia acababa de comenzar.

- Perdonadme, señor... ¿es cierto que sois caballero? - apenas se atrevía a mirarlo, él la observaba, intentando averiguar sus intenciones.
Parecía cortada, ¿estaba sonrojada? no lo sé. ¡Por Reorx! ¡La amada ya estaba aquí!
- ¿Por qué lo preguntáis? - le respondió el caballero, yo giraba mi cabeza y observaba a quién hablaba, como mero espectador de un deporte, no quería perderme ni un gesto, ni un detalle.
- Veréis... si es cierto que sois caballero, necesito vuestra ayuda. Os lo ruego....

¡Una dama en apuros! Bueno, no había ningún dragón guardián por ahí, pero algo era algo.

- De acuerdo, habladme de vuestro problema.
- Reuníos conmigo en vuestra habitación, os esperaré allí dentro de unos momentos - antes de que se retirara, murmuró: - ... Gracias

¡Un segundo! ¿En su habitación? A lo mejor no estaba en apuros si no que...¡Estaba prendida del caballero desde que atravesó las orladas y firmes puertas de la magnífica y poderosa estancia para viajeros de Haven!
Demasiado maquillada (que no inventada) la historia, pero me gusta.
Aunque...la damisela era un poco ligera de cascos, también muy descarada. Pero...¿quién era yo para juzgar a los personajes de esta historia de amor?
¡Un momento! ¿Los caballeros mantenían votos de castidad? Debía averiguarlo. Di un salto hasta el punto de tener todo mi cuerpo de cintura para arriba sobre la mesa, acercando mi cara a la del caballero en actitud confidencial.
-Ummh...¿los caballeros tenéis voto de castidad?
Si antes estaba pálido, ahora estaba muerto.
¡¿No estaría ante un caballero condenado a muerte por amor que había vuelto de ultratumba para que sea correspondido?!
¡Dios mío! ¡Esto cada vez es más interesante!
-¡¿Qué?!-fue lo único que pudo articular el caballero.
La idea del caballero muerto maldito era plausible, pero no debía lanzarme, no era posible que me hubiera equivocado, pero debía ser educado.
- Señor, ¡no debéis desaprovechar esta oportunidad! ¡Esa joven está enamorada! ... A no ser que... No mantendréis voto de castidad, ¿verdad?¡Ah, pero no sois caballero aún!-le di un codazo-debéis aprovechar y daros una última alegría al cuerpo.

Se levantó resoplando y se fue. Debía tener ganas de irse con esa señorita porque subió rapidamente las escaleras que daban a los dormitorios.
Miré mi pinta y mi estofado de patatas. La historia del caballero prometía, y mucho.

Pero...¿el caballero me había dicho su nombre?

¡Hey!



10 de febrero de 2010

La pista de Paladine


¡Buaf! ¡Menuda lluvia! ¡Es maravillosa! ¡Nunca me había calado una lluvia tan helada como la de esa noche! Aún así, tampoco era plan acaparar toda la lluvia para mí, sería una descortesía por mi parte. ¿Qué es eso? ¡Música! La inconfundible música de una cálida y bienvenida taberna. Mis pies lo pedían a gritos, así que decidí pasar la noche en esa taberna de paso a Haven, no sin dejar algún charco sin chapotear en mi camino. Llegué alegremente hasta tener mis ojos a la altura del pomo de la puerta. La música se escuchaba ahogada desde el interior por una serie de instrumentos de percusión que iban totalmente a destiempo, sonaban como tortas y puñetazos, pero debía ser el estilo musical y particular de Haven. ¡Qué cosa más peculiar!
Golpeé en la puerta a pesar de ser una taberna abierta, después de todo, soy un ser educado y no se sabe nunca si interrumpes nada importante. Los golpes de percusión seguían sonando, incluso hacían música haciendo romper botellas de vidrio, y algún que otro grito de ¿dolor? Náah, debía ser un cantor borracho de taberna.
Abrí la puerta y el calor del lugar me llegó, bueno, más bien el calor de una pelea bestial. ¡No eran instrumentos de percusión! ¡Eran puñetazos, tortas, guantazos, soplamocos, mojicones, trompadas, mamporros, galletas, trompazos, bofetones, moquetes y sopapos por doquier!

Suspiré...¡Era la típica pelea de taberna!¡Qué recuerdos! Y encima...¡No la había provocado yo! La noche prometía.
Observé la pelea hasta que comencé a ver golpes muy duros y a una señorita asustada bajo una de las mesas. Decidí llegar a la barra y acabar con aquello, pero...¡solo mido 120 centímetros! Aquello era un mar de hebillas de cinturones y barrigas cerveceras. Tendría que parar la pelea ahí mismo usando la jupak.
¡¿Qué?! ¿Qué no sabeis lo que es una jupak? ¿Pero en qué mundo vivís, querido lector? Os lo explicaré de una manera que hasta un ogro lo entienda,¡sin animos de ofender a los lectores ogros!

Veréis, la jupak es un gran invento que solo se nos podría apropiar a nuestra magnífica raza. Es una vara que consiste en estar rematada por una pieza de cobre que acababa en punta afilada y el extremo superior se bifurca la vara en dos, sosteniendo una honda de cuero, que al moverla de determinada manera, hace un ruido maravilloso. Aunque también he de decir que a otras razas les parece literalmente "un lastimero y horripilante aullido".
¡Las nuevas sendas requieren una jupak! Qué gran verdad.

En fin, era el momento de hacer sonar la jupak. El silbido de mi instrumento se hizo estruendoso y no tuvieron más remedio que dejar la pelea para ver que demonios estaba pasando. Sus caras al verme fueron de total...¿horror? No, debían ser imaginaciones mías. La pelea acabó y los nobles borrachines se invitaron a rondas de cerveza después de las tortas y a tocar música ya más suavecita. Pero hasta que no se sentaran todos no vería la barra. Me acerqué a una hebilla de cuero negro y tiré de los pantalones que pertenecían a un orondo señor.
-Señor, ¿me permite?-la cara de mi receptor se crispó y echó mano a sus sacos y pertenencias-¿Podría decirme dónde se encuentra la barra?
-Claro...-dijo el receptor entornando los ojos.-Esta...¡Fuera! En la calle.
-¡Cáspita! ¡Una barra que se encuentra fuera de la posada!¡Haven tiene que ser muy peculiar!¡Gracias señor!-dije brincando hacia la puerta.

Salí, seguía lloviendo. La puerta se cerró tras mi espalda, y escuché el sonido inconfundible de una puerta cerrándose con llave. Bueno, daba igual, la barra estaba fuera.
No soy de juramentos, porque no es de muy buena educación jurar a las bravas, pero os juro que busqué la dichosa barra en la calle. ¡Ni siquiera un elfo la habría encontrado un día soleado! Hasta miré debajo de una solitaria roca. Nada.
¡Claro! ¡Qué estúpido por mi parte! ¡La barra no está fuera porque está lloviendo! Debieron haberla metido dentro de la posada para que no se mojase, sería una pena que se estropease y tuvieran que gastar dinero para comprar otra. Tenía que entrar y avisar al amable señor de que no había barra fuera, vaya que quisiese tomar algo y cogiese un resfriado. Intenté volver a la taberna ¡Cachis! Cerraron la puerta, cierto... No importa, tengo un juego de ganzúas que me regalaron al cumplir mi mayoría de edad. Un momentito y...¡voilá!

Ahora sí estaba todo en calma, incluso se veía la taberna entera, ya que estaban todos sentados, ¡allí estaba la barra! Me dirigí alegremente hacia ella y de un espectacular salto de kender me subí en un alto taburete. El tabernero limpiaba en círculos una jarra con un trapo y me miraba como si hubiera mirado un fantasma. Me llevé una gran desolusión, no encontré ningún fantasma detrás de mí.
-Saludos tabernero. Póngame una finta y un plato típico de Haven.
Ante mí apareció una finta y un plato de estofado de patatas.
"Eso es típico...pero no de Haven, si no de cualquier taberna"
Encima me quería cobrar de más, debía haberse equivocado, pero bueno, como no me gustan las disputas...

-Le doy este medallón a cambio de la comida.
La camarera que pasaba por allí cerca se sobresaltó.
-¡Ese medallón es mio!
-¿Sí? Pues deberías tener más cuidado de dejar las cosas por ahí. Si no fuera por mí, lo habrías perdido.

La gente echa de menos las cosas cuando las pierde, y claro, si un servidor las recoge, se mosquean. La gente no hay quien entienda a los humanos. Pagué aquella comida y fui a sentarme. No parecía haber mucho sitio, además la gente no parecía muy amistosa. Había un hombre con una capa raída, armadura abollada...¡Un mostacho enorme!
¡Era inconfudiblemente un caballero! ¿De Solamnia? Algo así, un día tendré que pasarme por allí.
El caso es que...podría ser una pista.


La pista de Paladine...

9 de febrero de 2010

Siguiendo la pista de un Dios.


¡Por fin! ¡Haven! ¡Qué alegría para mis enormes y peludos pies! Ojalá no haya tenido que dejar al pobre Trotacolinas con los enanos. Fueron bastante amable por su parte dejarme el mismísimo pony del mismísimo capitán Breakstars ¡Un héroe de guerra de la mismísma guerra de los enanos! Aunque...no parecen tener mucha memoria esos enanos, casi ninguno (excepto curiosamente su vendedor) de ellos no conocían a ese tal capitán Breakstars. Supongo que son tan duros de mollera como me imaginaba ¡Fascinante! Aunque ahora que lo pienso, según lo que dijo el vendedor,ese pony...¡¡Debe tener cientos de años!!
¡Cáspita! Debía haber pagado el doble a ese generoso vendedor enano. Me ayudaron mucho, incluso me pegaron una patada en el culo para que llegase más rápido a Haven.

En realidad no sé qué espero encontrar en Haven, pero un sendero nuevo, es un sendero nuevo. Y aún no he encontrado ni rastro de otros Dioses Verdaderos. Se lo han montado bastante bien esos señores, señoras y señoritas divinidades para que nadie los encuentren. El conocimiento de la existencia del dios Reorx me llevó hasta los enanos de las montañas. Se ve que no había nadie en casa, porque no me abrieron las puertas de sus murallas, debían estar de vacaciones, o durmiendo la siesta. Después sí que estuve un tiempo entre los enanos de las colinas, no me dijeron nada claro de donde podía estar Reorx, aunque algunos coincidían que si un kender lo estaba buscando, estaba lejos, muy lejos de donde me encontraba en ese momento.
Alguno que otro señalaba al cielo estrellado, no me dijeron dónde podía estar...¡pero sí que me contaron una fantástica historia! Reorx tenía su propia forja en el cielo estrellado, una estrella roja y solitaria, y a veces, bajo nuestro suelo, sigue forjando el mundo a martillazos.

¡Por Reorx! ¿A qué es genial? Este tipo de historias y anécdotas que me contaba hace tiempo mi abuelita Storyteller en Kendermore son las que me llevó a buscar a los Dioses Verdaderos: Paladine, el dios de la Luz; La Reina de la Oscuridad, que a veces se presenta como un dragón de cinco cabezas dicen...¡Cinco cabezas!¿A qué es maravilloso?
Algunos se rieron con mi abuelita, ¿o de ella?no, debía de ser con ella...el caso es que no creían sus historias de Dioses Verdaderos. Todos decían que nos abandonaron...pero mi abuelita piensa que fue al revés. Nosotros abandonamos a los Dioses...¡Qué historia tan buena! ¡Aún puedo estar a tiempo a pertenecer a ella y que mi nombre aparezca escrito en un rinconcito de el gran libro del mundo!
El caso es que la gente (ya sean kender o algún humano con jaqueca) no estaban de acuerdo con la abuelita Storyteller, ¡y par mí la abuelita es casi hasta mejor que el tío Saltatrampas, fíjate lo que te digo! Tengo que demostrar que ella tiene razón. En cuanto cumplí la mayoría de edad y me regalaron mi primer juego de ganzúas, partí de Kendermore, como todo hijo de vecino kender a ver aquél maravilloso mundo que había que ver hasta el más ínfimo rincón. Decidí buscar a esos Dioses de luz y oscuridad, otros grises, esos que la abuelita Storyteller llamaba Dioses Verdaderos.
No son como esos dioses nuevos que hay ahora, aunque la verdad es que no los conozco a ninguno personalmente ¡Aunque estaría encantado por conocer a un Dios Nuevo, no digo que no! Pero creo que son un poco tímidos, no se dejan ver. Aunque los Verdaderos tampoco es que sean muy fiesteros.

Estuve un tiempo siguiendo la pista de Reorx, y he conocido mucho sobre él gracias a los enanos. Descubrí que en Haven hay una especie de Buscadores de dioses...¡Como yo!¿No es genial? Y ya que me pillaba cerca, y que me gasté casi todo mi dinero en alquilar al pony Trotacolinas, pues ¿Por qué no?

Todas las rutas deben ser recorridas. Allí puede que encuentre la pista de otro dios, Paladine, quizás. Esto seguro de que será una gran aventura digna de contar.