3 de mayo de 2010

Unificación

- Creo que estais... causando muchos problemas en la zona - habló el posadero con voz grave, su mirada era prudente - Los muchachos de aquí creemos que deberíais marcharos.

Me quede estupefacto. ¿Acaso tenían idea de lo que habíamos evitado ahí fuera?

- No somos responsables de los forajidos que llegan aquí creando problemas - respondí con tesón - Intentamos descansar para después partir.
- De igual modo, no sois bienvenidos aquí... - repuso el posadero.

Mensaje captado: debíamos marchar a otro lugar. Arlie estaba de acuerdo, pues estaba entusiasmado en seguir el camino que marcó la adorable anciana. Y también estaba entusiasmado contemplando algo que ocultaba en sus múltiples bolsillos, pero no quise preguntar. Arlie también había dedicado un tiempo a preguntar a la hechicera por alguno de sus trucos, pero ella negaba tener algún vínculo con la magia. Al final, mi amigo desistió

Los dos soldados aún se reponían de sus heridas, y la hechicera, tras su rescate y pequeño debate, se había acomodado para descansar. Mientras nosotros emprendimos el camino. Aunque era realmente tarde, no quería permanecer más tiempo allí. Arlie estaba un poco desilusionado, hasta que...

- Esta anocheciendo, no podremos seguir con esta oscuridad - dije al no poder divisar unos pocos pasos en mi camino
-¡Claro que si! - escuché a Arlie rebuscar entre sus bolsillos, con mil cachivaches con menor o mayor utilidad - ¡Mira! ¡Luz!

Alzó una pequeña vara que despedía luz de un extremo. Quedé sorprendido ante ese prodigio, pero reconocí en seguida la varita mágica de la hechicera. Conecté ideas y tuve que tomar cartas en el asunto.

- ¡Arlie! ¡Esa varita no es tuya! - le reprendí.
- ¿Qué? No es suya, ¡ella dice que no es una hechicera! - replicó con afán - Y si no hace magia, no la necesitará...

Tuve que reconocer la lógica de su argumento, y hasta estuve tentado en darle la razón, pero conseguí convercerle de volver y devolverle la varita a su dueña. El kender farfullaba molesto, pero encontró la solución.

- ¡Se la devolveré si ella me muestra un truco de magia! ¡Eso haré!

Reí y estuve de acuerdo. Cuando Arlie le mostró su varira a la hechicera, se mostró realmente sorprendida. Parecía no haberse percatado de su ausencia.

"Realmente hábil, este kender..." pensé.

Al final, mi amigo quedó engañado. El mismo truco que Arlie sabía hacer, es el que le fue mostrado. El pobre quedó desilusionado ante aquello, pero creo que quedó compensado. Hablamos con la hechicera, llamada Sharon, y acordamos continuar viaje juntos. No sabíamos hasta que punto seguiríamos unidos, pero es posible que Arlie viera satisfecha su curiosidad. Nos preparabamos para marchar hacia la oscuridad, una vez fuera de la posada, cuando Axel, aquel guerrero que cuidaba de su amigo, se nos acercó con tajantes y claras palabras.

- Mi amigo y yo iremos con vosotros.

Todos quedamos estupefactos durante unos instantes, hasta que una luz llamó nuestra atención. Arlie se había hecho de nuevo con la varita, y repetía el truco que había aprendido.

- ¡Tú eres capaz de algo mejor! - gritó Arlie hacia Sharon - ¡Sorpréndeme!

Sharon recuperó la varita refunfuñando, e iluminó la oscuridad del exterior con las luces del arcoiris. Aunque magia, seguía siendo muy hermoso. Arlie contemplaba el espectáculo realmente asombrado.

Aquello podía significar muchas cosas: seguridad en el camino, nuestro amigo kender con muchas distracciones y, ¿quién podía saber?, una compañía.

Al rescate

Aún sentía en mi interior la fuerza y el calor humano de aquella anciana, jamás podría olvidarlo. Pero debía abandonar aquella tranquilidad por un estado de alerta. Un grito nos llegó desde las profundidades de los bosques, y mi deber era socorrer a aquel que necesitara ayuda.

Arlie, ya sanado, siguió mis pasos allá por donde nos guiara la voz. No demasiado lejos, descubrimos un pequeño claro. Una pequeña fogata casi extinta, algunos pertrechos esparcidos y, por fin, nuestros objetivos. Reconocí a la hechicera, atada a un árbol en contra de su voluntad y aterrorizada. Tuve que retirar la vista desde mi escondite, la pobre muchacha estaba semi desnuda por aquel desalmado.

Arlie seguía a mi lado, esperando. Nos concentramos en el captor y trazamos un pequeño plan. Le indiqué por señas que rodeara el pequeño claro para atacarlo de distintos flancos. Preparé la señal para que se moviera, pero antes de que me percatara, el kender había desparecido. Apareció en el lugar acordado.

"Bendito sea el sigilo de esta criatura" pensé con aprobación.

Aquel desalmado captor reía con crueldad, ¿qué horribles torturas estaría planeando para su presa? Mi espada desenvainada, indiqué a Arlie de que actuara como distracción para soltar a la hechicera, o tal vez sorprenderlo con la guardia baja. Pero jamás atacar por la espalda.

Me disponía a entrar en acción, cuando para sorpresa de todos, escuchamos la voz estridente de Arlie, con toda la fuerza de sus pulmones:

- ¡¡Ejército de las Sombras, SALID!!

A pesar de saber quién emitía esas palabras, me consideré el más sorprendido ante aquella reacción. Arlie sacudía ramas y hojas, creando un ejército de las Sombras a gran velocidad. Para que tuviera éxito, imité sus acciones. Queríamos rodearlo y tal vez hacerlo huir.

No pudimos tener mejor resultado. Aquel hombre soltó su destartalada arma y salió huyendo con una velocidad pasmosa. Arlie reía, contento y divertido. Mientras, un servidor desataba a la dama en apuros, sin atreverme a alzar la mirada hasta que cubriera su cuerpo.

- Pero bueno, ¿se puede saber dónde estabais? ¡Llevo mucho tiempo desaparecida, ¿es que acaso nadie se percató de ello?!

La damisela en no apuros enunció aquellas enfurecidas palabras como muestra de agradecimiento, pero realmente no me importaron. Me dediqué a registrar todo lo que el maleante había dejado atrás en su huída. Nada de valor, realmente. En una esperanza vana, tuve la esperanza de encontrar algo que nos aclarara el misterio de las criaturas que nos atacaron. Tal vez acamparan juntos, o trabajaran del mismo bando.

Perdidas mis esperanzas, emprendimos el camino en silencio de regreso a la posada. Allí nos esperaba una sorpresa desagradable, pero no menos que lo vivido en unas escasas horas.

2 de mayo de 2010

Haciendo amigos. Un encuentro divino.

- ¡Hey, señor, no se marche. Aún no nos ha dado tiempo a presentarnos!

No lo entiendo, ¿cómo podía correr tanto? Eran unos seres muy extraños, misteriosos, siseantes, ocultos tras capuchas...peligrosos. Uno se había convertido en piedra al ser atravesado por la espada de uno de los gerreros que había allí. Muy misterioso...y peligroso. Pero...misterioso, ¿eh?



¡Seguro que no eran humanos!



-¡Señor!- le llamé la atención a la figura maleducada que se marchaba por el bosque mientras le daba tironcitos en algunas tiras de ropa.



El señor se dió la vuelta y siseó algo. Miró de un lado a otro hasta mirar al suelo, donde unos ojillos extraños parpadearon expectantes.

-¡Hola, señor! ¡Quería preguntarle sobre su persona! ¿Es usted humano? ¡Oh, perdón! ¿Dónde están mis modales?- le lancé una mano para estrechar la suya- Mi nombre es Arlie y soy un...¡Hey, cuidado con ese saludo, casi me hace daño! ¡Por el amor de los Dioses Verdaderos, menuda uñas, córteselas antes de que alguien le vea!

Después de unos breves minutos comencé a sospechar de que ese hombre extraño quizás no quería saludarme. ¿Acaso intentaba matarme? Bueno, eso explicaría el combate de antes. Decidí subirme a un árbol y charlar con él hasta que se le bajaran los humos. El hombre extraño comenzó a arañar frustrado las corteza del árbol. Creo que quería cazarme desde hace unos minutos y resoplaba cansado.

- Bueno, señor, ¿me va a decir como se llama? ¿Y si tiro de esa venda que tiene en la cara? ¡Uy, se enfadó! ¡Lo siento señor!



Volvió a sisear enfadado quitándose mis manos de encima de las vendas de su rostro oculto. No entendía ni jota, pero esas vendas ocultaban un rostro muy peculiar. ¡Y yo iba a averiguarlo! Bueno, no. Advierto a mi queridísimo lector anónimo que no lo consigo, pero no se frustre, la historia sigue. Ante todo hay que mantener la verdad al lector.

El hombre de la capucha se fue, bajé del árbol y le seguí. Intenté mantener conversación, esta vez se dió la vuelta y me arañó mi cuerpecillo de kender.



- ¡Hey! ¡Casi me da! ¡Cáspita, estoy sangrando!- el hombre se quedó mirándome, atónito, aunque no sé por qué - Vale, veo que se quiere despedir, pero no lo haga con esas prisas.

El encapuchado empezó a mover sus brazos de arriba a abajo con sus garras en el aire, me aparté para no entorpecer su despedida, pasó rozándome. Moví frenéticamente mis brazos de arriba a abajo, supongo que sería un saludo de su cultura, y yo, ante todo, soy educado.

-¡Hasta luego señor!


El encapuchado se puso cabizbajo, abatido, se dió la vuelta y comenzó a andar por el camino hasta perderse en el bosque. Creo que estaba frustrado con algo...¿Pero con qué? Quizás sería que no conocía mi idioma y no sabía comunicarse conmigo. Aunque en su cultura debían quedar pocos, el arañazo que me hizo seguía sangrando. Me quedé mirando por qué parte de la herida la sangre era más rojiza y dónde era más oscura. Decidí que debía volver, el caballero Alian necesitaba mi ayuda, seguro. Heché a andar viéndome la herida.

Mientras volvía vislumbré al caballero al final del sendero.

- ¿Arlie? ¿Qué te han hecho? ¡Estás herido!

- ¡El señor caballero Alian! ¡Ah! ¿esto? ¡Tranquilo, solo fue un saludo mal practicado!

- Fueron los encapuchados, extrañas...criaturas.- dijo mientras arrancaba un buen trozo de la tela de su ropa. Se quedó hecha jirones y me vendó la herida como pudo.

- ¡Vaya, gracias!

Nos quedamos un rato mirando curiosamente (al menos yo) como las vendas se soltaban solas y amenazaban con caerse. La herida seguía sangrando. De repente nos percatamos de una ancianita que andaba lentamente por el camino del bosque. Nos miramos, la miramos, nos miramos, la miramos y nos volvimos a mirar. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? Alian se acercó a la anciana (al fin y al cabo era un caballero) e intentó ayudarla.

-¿Necesita ayuda?

La anciana miró ausente al suelo, sonriente.

-No, gracias, mis están esperando. Mis hijos ¿sabe? ¿Serían tan amables de decirme donde está Solace?
-Claro, está por allí.- dijo el caballero señalando el sendero por el que iba.

-Gracias.- dijo sonriente la abuelita.
De repente, mis heridas mejoraron, me sentía curado. Un aura de pureza y curación emanaba de la ancianita y no nos pasó desapercibido a ninguno de los dos. Le pegué un codazo a Alian.
-¡Alian, mis heridas han mejorado! ¡Y mucho!- comencé a hablarle como si ella no escuchara nada, pero la verdad es que ella seguía nuestro coloquio con interés y amabilidad ante tal extraña pareja. Pero seguía andando lentamente cerca nuestra.
- ¿Crees que es una curandera? Esas heridas han sanado mucho- observó el caballero- Es imposible que sea un clérigo...ya no quedan, creo.
-Y si fuera, ¡Mishakal! ¿Te imaginas?
-¿Un dios? ¿Aquí?
Descubrimos que la anciana seguía mirándonos. Su sonrisa se ensanchó enormemente haciéndose tierna al escuchar el nombre de la diosa de la curación. Nos miraba como si la hubieramos llamado. Nos quedamos pasmados ante la idea de estar ante un dios.
- Muchas gracias. Nos vemos. - la ancianita se fué, y el aura de curación y pureza con ella. Pero mis heridas quedaron sanadas.
-¡Alian!, ¿has notado eso? Era Mishakal, ¡¿verdad que sí?! ¡¿Verdad que sí?!
Él había notado esa presencia, esa mirada de sabiduría. Mis heridas habían sanado en su presencia. Se limitó a sonreír. Había algo dentro de nosotros que nos decía a gritos que habíamos estado ante uno de los Dioses Verdaderos.

11 de abril de 2010

A salvo el honor

Seguía vivo gracias a aquel kender, y no podía hacer otra cosa que acercarme para agradecérselo. Lo que más curioso resultó fue su extraña reacción ante mi acercamiento: se cruzó de brazos y desvió la vista con aire ofendido. No sabía si reírme o hacer otra cosa distinta, pero solo se me ocurrió preguntar:

- ¿Que te ocurre?

Transcurrieron tan solo unos segundos hasta que me respondió:

- Se supone que sois un caballero, ¿que ha ocurrido con vuestros modales?

Reí con ganas ante aquella mordaz respuesta, y extendí gustoso la mano para decir:

- Mi nombre es Alian Brightsun.

Una corta pausa.

- ¡Yo me llamo Arlie! - la sonrisa volvió a florecer en sus labios, viva - Menudo combate, ¿eh? ¡Ha sido impresionante! Creo que lo llamaré La Justa del caballero S...

Dejé de escuchar debido al dolor y al escuchar los gemidos de mi principal contrincante. Tendido en el suelo, empezaba a despertar. Yo había resuelto la afrenta de la muchacha, había restablecido su honor. Pero ahora era decisión suya que hacer con él. Podía dejarlo morir o con vida. Al fin y al cabo, había perdido el honor. Su vida podía significar bien poco.

Alzé el cuerpo semi inerte, con la ayuda de Arlie, y lo llevamos ante la joven ofendida. Al ver nuestro estado, faltaron pocos momentos para romper a llorar. Pero se tragó las lágrimas y nos atendió a ambos como pudo. No olvidaré su gentileza y su entereza.

Mientras vendaban mis heridas, observé la posada y pude entonces percibir la ausencia de los dos guerreros con los que había compartido mesa. Quise entonces no poder escuchar nunca más. Un aullido, grito o exhalación de la garganta de un ser desconocido llegó a mis oídos desde el exterior. Me estremecí por completo, y mi interior se debatía. Quería dejarme vencer por el miedo.

Pero nos aventuramos. Arlie y yo nos atrevimos a traspasar el umbral de la posada y observar la batalla que se desarrollaba allí. Ambos guerreros luchaban con tesón, por sus vidas. Y sus contrincantes parecían ser los dueños de aquellas estridentes voces. No podía dudar, o el miedo me haría retroceder. Una leve reverencia a un enemigo que me daba la espalda, y cargué contra ellos. Lances de espada al vacio. Mi aparición parecía inútil salvo por el hecho de servir como distracción, hasta que llegó el punto en el que se detuvieron.

Escuché siseos y palabras ininteligibles desde las capuchas y vendas con las que se cubrían aquellos peligrosos individuos. Se retiraron ignorando mis esfuerzos por acabar con, al menos, uno de ellos. Desaparecieron en el bosque, tras lo cual pude ver como había caído Sheleanort, el semielfo. Yacía inmóvil y cubierto de heridas. Su compañero también estaba herido, con su espada incrustada en un ¿cadáver? Aquel cuerpo muerto permanecía inmóvil y erguido, como una estatua de piedra.

"Oh Paladine, ¿qué clase de criaturas son estas?"

Miré a mi alrededor, como acto instintivo, y solo alcancé a ver, entre la bruma del bosque, como Arlie iniciaba una persecución hacia aquellas criaturas. Solo pude gritar su nombre.

6 de abril de 2010

... Gracias

"Que el valor guíe mi mano, que el temple domine mi mente y mi espada imparta justicia"

No podía fallar. En ello me jugaba el honor, y la pérdida de este es igual a la muerte.

Salimos presurosos al exterior de la posada, pues allí resolveríamos toda la afrenta. Ellos eran tres, y yo tan solo uno. Pensé que sería suficiente. No presté demasiada atención, pero escuché levemente los pasos del kender detrás de nuestra procesión guerrera. Seguramente su curiosidad le obligaría a actuar como espectador.

Desenfundé mi espada, y me encomendé a Paladine. Dos frente a mí, uno de ellos mi verdadero objetivo. El restante, permanecía a mi costado, presto a tantear.

Reverencia. Ataque. Esquive. En cadena.

Tras mi reverencia, mi primer oponente, el ofensor de la dama, se abalanzó sobre mí. Con mi espada finté para esquivar su ataque de lleno. Quise aprovechar su guardia baja, pero su impulso fue suficiente para escapar de mi tajo. Un par de lances declararon nuestras habilidades en tablas, pues ninguno acertabamos a herir.
Uno de sus compañeros, que permanecía a mis espaldas, se lanzó sobre mí con aire traidor. Su espada fue certera y mi espalda recibió la herida. Victorioso se creyó, hasta que recibió en su mandíbula el golpe de mi empuñadura. Aquello bastó para tumbarle y dejarle incosciente.

Respiré profundo y miré al cielo un instante.

"Ayúdame, Paladine... no quiero morir"

Primera reacción de mi mente fue avergonzarme de aquel pensamiento, pero no podía negar las súplicas que dictaba mi aliento de vida.

Fueron segundos los que se llevaron esos pensamientos, pues enseguida regresé a la batalla.

Lanzé mi espada en un medio giro, pues uno de mis enemigos volvía a atacarme desde la espalda. No pude guiarme siquiera en aquel ataque, pero de su pecho brotó la sangre. Cayó al suelo, lamentándose y gimiendo de dolor. Lo contemplé durante unos instantes, para después abalanzarme sobre aquel malnacido que atormentaba a la joven. Podía cumplir mi palabra. La muchacha volvería a dormir tranquila y mi honor quedaría impune.

Como lanzas, nos mostramos mutuamente la punta de nuestras espadas. Aquello era vencer o morir.
Ignoro exactamente lo que pasó, salvó que mi espada había hendido en su cuerpo. Lo había herido de gravedad, y cayó inerte. Aquello había acabado.
Me derrumbé por fin, sintiendo intensamente el dolor de mis heridas y magulladuras. Escuché entonces un pequeño grito cerca de mí. Alcancé a ver tan solo como la cabeza de aquel hombre al que dejé incosciente caía de nuevo sobre el suelo. Y Arlie permanecía justo al lado, sosteniendo su jupak como si fuera el más inocente sobre todo Ansalon.

Tuve que reírme. Para él, todo aquello sería como un juego. Pero me había salvado.
Aunque todavía permanecía allí el herido que aún estaba consciente, no se veía con mucho ánimo luchador. Sus movimientos pertenecian a un escapista, un escapista muy veloz.

- ¡Que los dioses te guarden si vuelvo a verte aparecer! ¡¡Corre!! - le grité como último ataque. Y éste se apremió en obedecer, gracias a Paladine.

Me volví hacia Arlie, que rebuscaba entre los bolsillos del caído.

- Gracias, Arlie.

2 de abril de 2010

La justa del caballero Sin Nombre.

¡Vaya, al final me aceptaron para la misión, aunque no se por qué les cuesta tanto aceptar a un kender! Lo mejor que les pueden pasar a unos viajeros es encontrarse con un kender en sus caminos, se molestan por nada en fin...

¡Una misión! ¡Una misión! Debíamos escoltar algo, ¿pero qué? ¡Un arca de oro! ¡No, mejor! ¡A una princesa que se dirige presta a su reino lejano!
-Dime una cosa...kender- ¿kender? ¿acaso debería llamar a la gente por el nombre de su raza? ¿Y si fuera la manera más educada? - Si te salvo la vida, ¿qué me darías?

¿Qué? Uno de los guerreros que iban a participar en la misión me preguntó sin previo aviso esto. La verdad es que no entendí la pregunta, pero tenía pinta de ser alguien extraño...¡y eso me intriga!
-¡Pues te daría las gracias! O como mucho tendrías mi lealtad de kender.
No pareció muy contento, volvió a sus pensamientos y me dejaron entrar en el grupo.
¡Bah! Lo mejor que puedes tener en tu vida es la lealtad de un kender. Él se lo pierde. Mi anterior emisor se retiró y pidió ron. Ron... ¿que era eso? Debía probarlo. Todos me miraron boquiabiertos cuando lo pedí y se echaban las manos a la cabeza en cuanto me lo bebí de un trago. Quemaba, y mucho.



¡Por todos lo Dioses! De repente, ¡un gigante había cogido la posada y le estaba dando vueltas estando llena de gente!


Aunque, por mucho que me esforcé, no veía la mano del gigante por la ventana, solo veía el suelo. Lástima...


¡Ya sé! ¡Tuvo que ser aquella cosa que bebí! ¡Aquello que llaman...ron! ¡Debe ser un alucinógeno extraño! ¡Incluso una poción mágica! Es posible, de repente me sentía realmente activo. Pero la posada seguía dando vueltas y nadie parecía darse cuenta.
-¡No se está quieto!
-¡Que alguien lo ate de pies y manos!
-¡Hey, esa cosa es mía, maldito kender!
-¡Atadlo, atadlo!


¡De repente me sentí atrapado! ¡Pero la posada seguía dando vueltas y vueltas! ¡Magia! Los rostros pasaban una y otra vez y solo reconocía al caballero sin nombre, con el que sabía que acababa de hablar, pero no recordaba el qué. Bah, seguro que estaba ansioso por escuchar mis historias. Intenté levantarme, pero no se como, una cuerda me atrapaba a una silla. ¿Sería prisionero del gigante? La verdad es que se estaba haciendo pesado con las vueltas, y ya no solo eso, ya me hacía ver doble. ¡Cáspita! Parecia que hubiera un ejército en el interior de la posada. De repente me encontré increíblemente mal.
-¡Será asqueroso!
-¡Esa cosa ha vomitado!
-¡Que alguien eche a ese monstruo de aquí!

A pesar de que escuchaba eso, no me encontré con ningún monstruo asqueroso, y no creo que se refiriesen a mí, ¡con lo educado que soy, por todas mis barbas! Diría un enano. Uff, de repente me encontraba vació, sin náuseas...¡me encontraba increíblemente bien! El caballero me desató, ya que la casa había dejado de dar vueltas. El gigante se habría marchado.



¿Y ahora qué?

¡Ah, por fin una cara conocida! Ahí seguía la del caballero sin nombre, ofreciendome una jarra con algo que no identificaba que era...¡Quizás la poción que hizo huir al gigante! Miré el interior de la taza...¿qué era eso? Olía de forma peculiar, quizás no era un brebaje mágico:

- ¿Qué diantres es esto, agua sucia? - le dije todavía mareado por culpa del gigante que le daba vueltas a todo.
- Si, es agua sucia - respondió el caballero con un poco de impaciencia - ¡Bébetelo!
- ¡Fantástico! ¡Nunca había probado el agua sucia de esta región! Aunque realmente no sé en que puede diferenciarse del resto...

Intenté concentrarme y ponerme serio. Pero nada, ¡que no había manera! Aquella agua sucia (con perdón del posadero, si está leyendo las líneas de un servidor) me sentó más o menos bien, pero sabía a rayos. Aunque... ¿cómo deberían saber los rayos...?

El caballero habló con su amada, la camarera (la ligera de cascos), los otros dos guerreros que iban a acompañarnos en la misión de escolta (de la cual no me enteré de mucho) y charlaban muy poco animados...lo cual no me llamó mucho la atención, la verdad; la otra chica tampoco parecía querer hablar. De repente me encontré al caballero hablando con un tipo que no presentaba demasiado buen aspecto. No parecía que acabaran de hacer migas. El ruido de la taberna me impidía seguir la historia del caballero. ¡No debía perder el hilo argumental! ¡Sería catastrófico para seguir tejiendo la historia del futuro caballero! Quise acercarme, pero el taburete se volvió contra mí, ¡había crecido y me retenía preso en las alturas! Sería dificil bajar sin tirar la silla, al menos, ya no estaba atado. Miré a mi alrededor la anterior amada del caballero miraba angustiada. ¡Quizás se pelean por su amor! Seguro que ella espera que el caballero salga victorioso de la justa porque si no...debía irse con el otro, que tenía un aspecto lamentable. Salieron por la puerta...unos matones escoltaron al desalmado que pretendía quitarle la dama al caballero. Fuera iban a librar una justa...¡y yo no me la iba a perder por nada del mundo!

Reflexiones

Quise matar el tiempo lo suficiente como para que Arlie recuperara la sobriedad. Un kender sobrio puede resultar cargante, pero, en nuestra situación, un kender borracho, podía resultar incluso peligroso. Intenté sonsacarle a mi amigo toda la información que pudiera poseer. Una parte de mí desconfiaba, pero la otra se inclinaba a confiar en él.

"¿Por qué iba a mentir acaso sobre la existencia de los Dioses Verdaderos?"

No encontré respuesta alguna a esto, por lo que decidí a partir de entonces ser muy cauto con la información que Arlie deseaba compartir. En algunos lugares, murmullos de su presencia pueden ser inocuos. En el resto, desconozco la reacción, y prefiero no arriesgarme.

Decidí volver a la taberna, donde quizás podría despejarle con una taza de café hirviendo. Pero lo que jamás podré olvidar, será la reacción de cuando lo alzé para llevarlo... Prefiero no mentarlo siquiera. Lo único bueno de aquella experiencia fue que expulsó gran parte del alcohol que había consumido. Cuando vió ante él aquel brebaje oscuro, me preguntó asqueado:

- ¿Qué diantres es esto, agua sucia? - todavía estaba borracho.
- Si, es agua sucia - respondí con hastío - ¡Bébetelo!
- ¡Fantástico! ¡Nunca había probado el agua sucia de esta región! Aunque realmente no sé en que puede diferenciarse del resto...

Me eché las manos a la cabeza, no quería escuchar más. Los enormes guerreros seguían en la barra, ocupados en compartir las grandes hazañas que en su día acontecieron, y de las que, por supuesto, ellos fueron héroes.

A menudo me resulta extraña, incluso ajena, la condición humana. Buscamos la gloria y el placer para el propio individuo. Ignoramos, a menudo adrede, que tenemos el poder para cambiar las cosas. Si tenemos el poder para alcanzar la gloria, ¿por qué no querer hacerla ajena? Miro a Arlie, con su curiosa manera de ser. Por su comportamiento me deja ver que su única ambición es conocerlo todo en este mundo. Y no deja de compartir sus conocimientos, no posee ningún sentimiento de avaricia...

Divagué demasiado en mis propios pensamientos, pero no lo suficiente como para captar las señas de mi conocida camarera. Le pedí una cerveza y acudió con gran prontitud. De sus labios se escaparon estas palabras temblorosas:

- ¿Ve aquella mesa, caballero? ¡Es él! Por favor, ayúdeme

Volví a atusarme el bigote, gesto incosciente de reflexión, y tragué un poco de mi cerveza.

Había llegado la ocasión de luchar por el bien ajeno, de luchar por el honor.