3 de mayo de 2010

Al rescate

Aún sentía en mi interior la fuerza y el calor humano de aquella anciana, jamás podría olvidarlo. Pero debía abandonar aquella tranquilidad por un estado de alerta. Un grito nos llegó desde las profundidades de los bosques, y mi deber era socorrer a aquel que necesitara ayuda.

Arlie, ya sanado, siguió mis pasos allá por donde nos guiara la voz. No demasiado lejos, descubrimos un pequeño claro. Una pequeña fogata casi extinta, algunos pertrechos esparcidos y, por fin, nuestros objetivos. Reconocí a la hechicera, atada a un árbol en contra de su voluntad y aterrorizada. Tuve que retirar la vista desde mi escondite, la pobre muchacha estaba semi desnuda por aquel desalmado.

Arlie seguía a mi lado, esperando. Nos concentramos en el captor y trazamos un pequeño plan. Le indiqué por señas que rodeara el pequeño claro para atacarlo de distintos flancos. Preparé la señal para que se moviera, pero antes de que me percatara, el kender había desparecido. Apareció en el lugar acordado.

"Bendito sea el sigilo de esta criatura" pensé con aprobación.

Aquel desalmado captor reía con crueldad, ¿qué horribles torturas estaría planeando para su presa? Mi espada desenvainada, indiqué a Arlie de que actuara como distracción para soltar a la hechicera, o tal vez sorprenderlo con la guardia baja. Pero jamás atacar por la espalda.

Me disponía a entrar en acción, cuando para sorpresa de todos, escuchamos la voz estridente de Arlie, con toda la fuerza de sus pulmones:

- ¡¡Ejército de las Sombras, SALID!!

A pesar de saber quién emitía esas palabras, me consideré el más sorprendido ante aquella reacción. Arlie sacudía ramas y hojas, creando un ejército de las Sombras a gran velocidad. Para que tuviera éxito, imité sus acciones. Queríamos rodearlo y tal vez hacerlo huir.

No pudimos tener mejor resultado. Aquel hombre soltó su destartalada arma y salió huyendo con una velocidad pasmosa. Arlie reía, contento y divertido. Mientras, un servidor desataba a la dama en apuros, sin atreverme a alzar la mirada hasta que cubriera su cuerpo.

- Pero bueno, ¿se puede saber dónde estabais? ¡Llevo mucho tiempo desaparecida, ¿es que acaso nadie se percató de ello?!

La damisela en no apuros enunció aquellas enfurecidas palabras como muestra de agradecimiento, pero realmente no me importaron. Me dediqué a registrar todo lo que el maleante había dejado atrás en su huída. Nada de valor, realmente. En una esperanza vana, tuve la esperanza de encontrar algo que nos aclarara el misterio de las criaturas que nos atacaron. Tal vez acamparan juntos, o trabajaran del mismo bando.

Perdidas mis esperanzas, emprendimos el camino en silencio de regreso a la posada. Allí nos esperaba una sorpresa desagradable, pero no menos que lo vivido en unas escasas horas.

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