10 de febrero de 2010

La pista de Paladine


¡Buaf! ¡Menuda lluvia! ¡Es maravillosa! ¡Nunca me había calado una lluvia tan helada como la de esa noche! Aún así, tampoco era plan acaparar toda la lluvia para mí, sería una descortesía por mi parte. ¿Qué es eso? ¡Música! La inconfundible música de una cálida y bienvenida taberna. Mis pies lo pedían a gritos, así que decidí pasar la noche en esa taberna de paso a Haven, no sin dejar algún charco sin chapotear en mi camino. Llegué alegremente hasta tener mis ojos a la altura del pomo de la puerta. La música se escuchaba ahogada desde el interior por una serie de instrumentos de percusión que iban totalmente a destiempo, sonaban como tortas y puñetazos, pero debía ser el estilo musical y particular de Haven. ¡Qué cosa más peculiar!
Golpeé en la puerta a pesar de ser una taberna abierta, después de todo, soy un ser educado y no se sabe nunca si interrumpes nada importante. Los golpes de percusión seguían sonando, incluso hacían música haciendo romper botellas de vidrio, y algún que otro grito de ¿dolor? Náah, debía ser un cantor borracho de taberna.
Abrí la puerta y el calor del lugar me llegó, bueno, más bien el calor de una pelea bestial. ¡No eran instrumentos de percusión! ¡Eran puñetazos, tortas, guantazos, soplamocos, mojicones, trompadas, mamporros, galletas, trompazos, bofetones, moquetes y sopapos por doquier!

Suspiré...¡Era la típica pelea de taberna!¡Qué recuerdos! Y encima...¡No la había provocado yo! La noche prometía.
Observé la pelea hasta que comencé a ver golpes muy duros y a una señorita asustada bajo una de las mesas. Decidí llegar a la barra y acabar con aquello, pero...¡solo mido 120 centímetros! Aquello era un mar de hebillas de cinturones y barrigas cerveceras. Tendría que parar la pelea ahí mismo usando la jupak.
¡¿Qué?! ¿Qué no sabeis lo que es una jupak? ¿Pero en qué mundo vivís, querido lector? Os lo explicaré de una manera que hasta un ogro lo entienda,¡sin animos de ofender a los lectores ogros!

Veréis, la jupak es un gran invento que solo se nos podría apropiar a nuestra magnífica raza. Es una vara que consiste en estar rematada por una pieza de cobre que acababa en punta afilada y el extremo superior se bifurca la vara en dos, sosteniendo una honda de cuero, que al moverla de determinada manera, hace un ruido maravilloso. Aunque también he de decir que a otras razas les parece literalmente "un lastimero y horripilante aullido".
¡Las nuevas sendas requieren una jupak! Qué gran verdad.

En fin, era el momento de hacer sonar la jupak. El silbido de mi instrumento se hizo estruendoso y no tuvieron más remedio que dejar la pelea para ver que demonios estaba pasando. Sus caras al verme fueron de total...¿horror? No, debían ser imaginaciones mías. La pelea acabó y los nobles borrachines se invitaron a rondas de cerveza después de las tortas y a tocar música ya más suavecita. Pero hasta que no se sentaran todos no vería la barra. Me acerqué a una hebilla de cuero negro y tiré de los pantalones que pertenecían a un orondo señor.
-Señor, ¿me permite?-la cara de mi receptor se crispó y echó mano a sus sacos y pertenencias-¿Podría decirme dónde se encuentra la barra?
-Claro...-dijo el receptor entornando los ojos.-Esta...¡Fuera! En la calle.
-¡Cáspita! ¡Una barra que se encuentra fuera de la posada!¡Haven tiene que ser muy peculiar!¡Gracias señor!-dije brincando hacia la puerta.

Salí, seguía lloviendo. La puerta se cerró tras mi espalda, y escuché el sonido inconfundible de una puerta cerrándose con llave. Bueno, daba igual, la barra estaba fuera.
No soy de juramentos, porque no es de muy buena educación jurar a las bravas, pero os juro que busqué la dichosa barra en la calle. ¡Ni siquiera un elfo la habría encontrado un día soleado! Hasta miré debajo de una solitaria roca. Nada.
¡Claro! ¡Qué estúpido por mi parte! ¡La barra no está fuera porque está lloviendo! Debieron haberla metido dentro de la posada para que no se mojase, sería una pena que se estropease y tuvieran que gastar dinero para comprar otra. Tenía que entrar y avisar al amable señor de que no había barra fuera, vaya que quisiese tomar algo y cogiese un resfriado. Intenté volver a la taberna ¡Cachis! Cerraron la puerta, cierto... No importa, tengo un juego de ganzúas que me regalaron al cumplir mi mayoría de edad. Un momentito y...¡voilá!

Ahora sí estaba todo en calma, incluso se veía la taberna entera, ya que estaban todos sentados, ¡allí estaba la barra! Me dirigí alegremente hacia ella y de un espectacular salto de kender me subí en un alto taburete. El tabernero limpiaba en círculos una jarra con un trapo y me miraba como si hubiera mirado un fantasma. Me llevé una gran desolusión, no encontré ningún fantasma detrás de mí.
-Saludos tabernero. Póngame una finta y un plato típico de Haven.
Ante mí apareció una finta y un plato de estofado de patatas.
"Eso es típico...pero no de Haven, si no de cualquier taberna"
Encima me quería cobrar de más, debía haberse equivocado, pero bueno, como no me gustan las disputas...

-Le doy este medallón a cambio de la comida.
La camarera que pasaba por allí cerca se sobresaltó.
-¡Ese medallón es mio!
-¿Sí? Pues deberías tener más cuidado de dejar las cosas por ahí. Si no fuera por mí, lo habrías perdido.

La gente echa de menos las cosas cuando las pierde, y claro, si un servidor las recoge, se mosquean. La gente no hay quien entienda a los humanos. Pagué aquella comida y fui a sentarme. No parecía haber mucho sitio, además la gente no parecía muy amistosa. Había un hombre con una capa raída, armadura abollada...¡Un mostacho enorme!
¡Era inconfudiblemente un caballero! ¿De Solamnia? Algo así, un día tendré que pasarme por allí.
El caso es que...podría ser una pista.


La pista de Paladine...

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